El modelo productivo en España

Existe un país europeo donde se trabaja más horas que en el resto del continente y, sin embargo, la producción es menor: si estás pensando en España, has acertado. Las jornadas de trabajo que se extienden hasta tal punto de que, en invierno, algunos trabajadores apenas pueden ver la luz del sol, parecen no ser todo lo prolijas que cupiera imaginar.

¿Cómo se explica esto?

Primero, hablemos de números: en España, la hora de trabajo cifra en 32,1 euros su rendimiento productivo, mientras que en Suecia o Alemania este rédito se traduce en 45,5 y 42,8 euros, respectivamente (en torno a un 33% más). Esto significa que, por ejemplo, si los alemanes se quedarsen en casa en vez de acudir a trabajar un día más a la semana, seguirían produciendo más que nosotros. De hecho, no es mala idea compararnos con ellos, pues tenemos el mismo uso horario desde 1942.

Menos es más

Alguna vez, por desgracia, hemos escuchado a alguien decir de otros «…viene al trabajo a fichar», y la realidad es que, en ocasiones, es cierto, y una jornada laboral extensa no asegura un mejor resultado. La picaresca, tan propia de nuestra cultura, hace mella en aquellos trabajadores que no encuentran motivación en su trabajo, y que no son todo lo productivos que pudieran llegar a ser, estando más pendientes de aparentar que trabajan de manera eficiente que de hacerlo realmente. Huelga decir que la intención aquí no es demonizar al trabajador, sino formularse las preguntas adecuadas que nos conduzcan a las respuestas necesarias para plantear un modelo productivo óptimo: ¿es exclusivamente responsabilidad del trabajador? ¿podemos incrementar la motivación en él? ¿es una jornada demasiado larga la culpable de una posible desmotivación…?

Esta preguntas llegaron a ser planteadas en el Congreso de los Diputados, y se decidió fomentar iniciativas focalizadas en asemejar horarios y forma de vida al resto de países de la UE, llegando a plantearse medidas tan curiosas como adelantar el prime time televisivo para que los españoles no se acuesten tan tarde, medida que no llegó a fructificar por los intereses de las cadenas televisivas.

Procrastinación: ese gran desconocido

Realmente, la acción de procrastinar nos puede llegar a ser desconocida lingüísticamente, pero está presente en numerosos centros de trabajo: este verbo de incómoda pronunciación viene a referirse a aquellas conductas que nos alejan de atender lo que realmente es necesario cuando estamos trabajando, y ejemplos de ello son las conversaciones ajenas al trabajo (en persona o mediante los innumerables chats existentes), atender asuntos de la vida personal que pudieran ser aplazados hasta el fin de la jornada laboral, navegar por internet con el mero propósito de dejar pasar el tiempo…conductas todas ellas que nos alejan de un modelo productivo eficiente (importante es recalcar que esto no se refiere al descanso acordado con la empresa).