¿Es posible vencer el miedo a hablar en público? te damos las claves para coseguirlo

Un auditorio o sala que se llenan de manera paulatina, la aguja de un reloj que cada vez está más próxima a la hora y una pequeña congoja que se va apoderando de ti…¿Alguna vez has sentido algo parecido? tenemos una buena noticia que darte: no eres ni el primero ni el último al que le ocurre y, además, puedes corregirlo.

El miedo a tener que hablar en público (glosofobia) es una de las situaciones que más nerviosismo y ansiedad generan, y su grado de intensidad va en función de factores como el propio orador, el tipo de público al que dirigirse, o el conocimiento de la materia a tratar. Si bien un mínimo nivel de estrés puede hacer que nos activemos y mantengamos despiertos, si la situación se nos escapa de las manos la parálisis puede llegar a conducir nuestra exposición en un auténtico fracaso. Si quieres que esto no ocurra, te ofrecemos una serie de consejos con los que aplacar los nervios y coger las riendas de una futura ponencia.

Fija tus referentes. La experiencia es un grado, y tomar nota de cómo determinados ponentes llevan a cabo sus exposiciones con éxito puede ayudarte a captar mecanismos a partir de los cuales construir tu discurso.

El conocimiento, tu principal aliado. Si conoces en profundidad el tema del que vas a hablar, además de poder exponerlo de manera más efectiva, podrás también tener más opciones de afrontar cualquier tipo de vicisitud.

La prisa, una nefasta consejera. Cierto es que en ocasiones las urgencias se convierten en imponderables que asumir de la mejor manera posible, pero en lo que de ti dependa deberás de contar con el tiempo suficiente como para poder preparar todo el material del que vayas a hacer uso con antelación.

Apóyate en material audiovisual. Una pausa o receso se hace más imperceptible si una imagen, video o audio de fondo lo contrarrestan, y ayudarán a que el público comprenda mejor los conceptos que tratas de transmitir, evitando en la medida de lo posible la utilización excesiva de texto.

Sé breve y conciso. No infravalores el tiempo de la gente que asiste a tu ponencia: en este sentido, has de economizar tus recursos sin menoscabar el mensaje.

Con otros o frente al espejo, pero ensaya. Esto es muy importante ya que solo así podrás obtener una perspectiva lo más objetiva posible de tu exposición.

No mitifiques el fracaso. La posibilidad de no hacerlo bien siempre está ahí, y lo único que podemos variar es las opciones que le concedamos al fracaso si, por ejemplo, no hemos preparado bien la exposición: a partir de ahí, hay que asumir esta posibilidad como algo natural y aceptar la incertidumbre, pues conseguir el éxito no tendría valor si este fuese seguro.

Aguanta el tiempo necesario para comenzar. Si nadie te observa ni escucha, de nada valdrá tu esfuerzo: aguarda unos segundos o minutos hasta que la atención se centre en tu trabajo.

Busca contacto entre el público. Si tienes oportunidad, centra la mirada en personas que te resulten amigables y alterna la mirada entre ellas para hacer que tu confianza vaya creciendo.

Muéstrate natural. Con la educación y leguaje adecuados, intenta que tu personalidad a la hora de exponer sea la misma que te ha llevado hasta allí, olvidando hacerte pasar por quien no eres.

Contrasta tu información. A la gente le encantan los casos reales que ejemplifican lo que estás exponiendo, y almacenarán esa información de manera más efectiva que si te limitas a perspectiva técnica.

Pon el broche final. Ofrecer una idea general de lo expuesto a modo de cita, frase o par de líneas que cierre la exposición es una buena opción.

Date una palmadita en la espalda. Una vez realizada la exposición, date la enhorabuena por ello ya que esto será un refuerzo positivo para ti de cara a futuras ponencias.